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domingo, 5 de marzo de 2017

IGLESIA METODISTA PENTECOSTAL DE CHILE

La Iglesia Metodista Pentecostal de Chile heredó las formas de gobierno y las doctrinas del Metodismo, movimiento que nace con los hermanos John y Charles Wesley en la Inglaterra del siglo XVIII.
Los Metodistas se agruparon al margen de la Iglesia Anglicana, pero no contra ella, de manera que las congregaciones de Europa organizaron una red de “sociedades” que se reunían anualmente para compartir el estudio de la Biblia, además de efectuar sesiones de carácter doctrinal y de instrucción.   Como no habían suficientes pastores anglicanos simpatizantes, los Wesley implementaron un programa de predicadores que requerían supervisión, educación y cuidado.   Estas sociedades se conocieron bajo el nombre de Conferencia.
Luego que las colonias inglesas de Norteamérica se constituyeran en nación (EE.UU.), las Sociedades Metodistas allí establecidas se convirtieron en la Iglesia Metodista Episcopal, de cuyo seno saldrían los misioneros que evangelizarían toda la costa del Pacífico, incluyendo Chile.
A principios del siglo XX se desarrolla en nuestro país (1909) un extraordinario avivamiento espiritual, que tuvo como líder natural al pastor norteamericano Willis Hoover K. de la Iglesia Metodista Episcopal en Valparaíso.   La hermandad porteña se empeñó en buscar el bautismo del Espíritu Santo, obrando éste sobre ellos con gran poder; lamentablemente las autoridades eclesiales del metodismo no entendieron esta espiritualidad, oponiéndose abiertamente.  Ante esta situación, Mr. Hoover renuncia a su iglesia natal y funda el 25 de mayo de 1910 la Iglesia Metodista Pentecostal.
La organización de la iglesia tuvo una estructura simple y sencilla.  Al no haber ningún otro organismo de carácter nacional fuera del Pastor Hoover, las dos congregaciones de Santiago y la de Valparaíso lo reconocen como su Superintendente General, comenzando  a celebrar reuniones pastorales de carácter espiritual más que administrativas.     En estos encuentros el Superintendente impartía consejos a los pastores locales, intercambiaba  testimonios e instaba a mantener vivo el fuego de pentecostés.    Además, tenía la atribución de ordenar y otorgar grados eclesiásticos a los siervos del Señor, confirmar la Junta Oficial y entregar el sacramento de Santa Cena.
A partir del año 1918, la Conferencia Anual comienza a realizarse cada año en una ciudad distinta, adquiriendo una mayor capacidad deliberativa.  Los acuerdos más relevantes se empezaron a publicar en el “Chile Pentecostal”, revista oficial de la Iglesia.
En la década del veinte, la Conferencia Anual ya se había transformado en la instancia superior de la Misión.  De hecho, en septiembre del año 1929, se constituye legalmente con el nombre de “Asociación de los Apoderados de las Iglesias Metodistas Pentecostales de Chile”, integrada por todos los pastores, más un representante de la Junta de Oficiales de cada iglesia local.   En el nuevo régimen legal, la Iglesia pasó a regirse por sus estatutos, reglamentos y acuerdos del Directorio, resultando la primera iglesia de tradición pentecostal en obtener la personalidad jurídica de derecho privado.   El Directorio instituido estuvo formado por seis de los pastores presbíteros más antiguos: Presidente, Víctor Pavez Toro; Secretario,  Willis Hoover Kirk; Tesorero, Manuel Umaña Salinas; Revisor de cuentas, Manuel Garcías Caviedes, y los Vocales, José Mateluna Berrios y Julio Rodríguez.
A comienzo de los años treinta, la Conferencia asigna a dos pastores como ayudantes del Superintendente Hoover, cargo para actuar en rotación.  El Pastor Víctor Pavez fue el primero en asumir la ayudantía y el Pastor Manuel Umaña, tomó su turno en 1930.
En esta época surgen dos posiciones al interior de la Iglesia, una de ellas es representada por el Pastor Umaña Salinas, quien -más adelante-, ocuparía el puesto de Superintendente General de la Iglesia Metodista Pentecostal, y por ende, Presidente de la Asamblea.
En la administración del Pastor Umaña, la Conferencia Anual comenzaba con un devocional de gracias a Dios, seguido de la acreditación de los delegados quienes cumplían una labor informativa acerca de las propiedades que representaban en las provincias.  A la vez, el Directorio entregaba su informe para ser aprobado.  Asimismo, los Pastores y “Obreros”, informaban del movimiento y adelantos habidos en sus respectivos campos pastorales.
Para una mejor administración y atención de la Obra, se agrupó a las iglesias según su ubicación geográfica bajo el nombre de “Distrito”.  El Pastor Umaña era el encargado de nombrar los distintos Superintendentes de Distrito, quienes debían velar por el cumplimiento de los deberes y la conducta ministerial de los Pastores, y de las Juntas de Oficiales a su cargo.  Los Superintendentes tenían el grado de presbítero y poseían la autoridad para administrar la Santa Cena.
En otros aspectos, en la Conferencia se detallaba la creación de los nuevos circuitos, se procedía al ordenamiento de los nuevos pastores, se consagraba a los pastores que ascendían de grado eclesiástico y se acordaba el lugar donde se celebraría la próxima asamblea.
Durante el tiempo que duraba la Conferencia se celebraban reuniones generales todas las noches, siendo muy concurridas y motivo de grandes bendiciones, y para la clausura se organizaba un gran desfile por toda la ciudad con sus estandartes.   Esta hermosa tradición prosiguió en los sucesores del Pastor Umaña, hasta nuestros días, bajo la administración  de nuestro Obispo Bernardo Cartes Venegas.
En sus más de 100 años de existencia, la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile ha mantenido incólume su avance espiritual y material, siendo la Conferencia Anual la ocasión donde se reflejan estos logros y también el escenario donde se han enfrentado los embates, más bien de orden personal que dogmático, los que –felizmente- han pasado a la historia para experiencia, existiendo siempre unidad del Espíritu Santo, en lo que se refiere a creer y predicar las verdades contenidas en las Sagradas Escrituras.
LA CONFERENCIA EN EL ACTUAL ESTATUTO
El Estatuto que rige la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile señala que son miembros de la Conferencia Anual: el Obispo, los Pastores Presbíteros, los Pastores Diáconos y los Pastores Probando, todos los cuales tendrán derecho a voz y voto en todas sus decisiones, sus principales funciones siguen siendo espirituales y administrativas, impartiendo las normas generales de doctrinas, unifica las relaciones internacionales e interdenominacionales, las actividades y funciones de los pastores y demás autoridades y miembros de la Iglesia.
La Conferencia es la única autoridad que puede otorgar las credenciales de ordenación de todos sus miembros, designar los Pastores Probando presentados por el Honorable  Presbiterio Mayor con la anuencia del Obispo Presidente, promover Pastores a los grados superiores de Diácono y Presbítero.  Además, tendrán por objeto resolver todo lo concerniente a la administración y disposición de los bienes de la Iglesia e impartir normas de carácter general sobre la situación económica y financiera de la Iglesia.  Ésta se reunirá una vez al año, en el lugar y fecha que el Honorable Presbiterio Mayor determine, debiendo asistir a ella la mayoría absoluta de todos sus miembros, mencionados en el artículo nueve de los Estatutos, quienes acreditarán su participación mediante el respectivo poder debidamente firmado.
La Asamblea será presidida por el Obispo Presidente junto con el H. Presbiterio Mayor y contará además con un Secretario y un pro Secretario elegidos en votación económica.  De las actuaciones de la Conferencia Anual se dejará constancia en un libro de actas que será firmado por el Obispo Presidente y el Secretario, este último durará en sus funciones por el tiempo que esté reunida la Conferencia.
El Obispo Presidente establecerá la tabla con las materias que se tratarán en la Conferencia, la que se dará lectura en voz alta, pudiéndose modificar algunos de sus puntos, o agregar los que se estimen convenientes, por la mayoría de votos de los asistentes.
La legislación eclesiástica de fe y orden, es función privativa de la Conferencia Anual y a ella corresponde resolver los artículos de fe y doctrina dentro de la Iglesia.
DE LA CONFERENCIA EXTRAORDINARIA
La Conferencia Extraordinaria opera de igual forma que la Conferencia Anual, la diferencia está en el objeto de la reunión, pues se cita para: La modificación de Estatutos; aprobar y modificar los reglamentos, analizar los manuales de procedimiento sean del Tribunal Eclesiástico, del Ministerio o de la Iglesia; elegir al Obispo Presidente y al Vicepresidente, entre otros.
La Conferencia será presidida por el Obispo Presidente y en caso de ausencia o enfermedad de éste, por el Vicepresidente.  En cada Conferencia extraordinaria se designará en votación económica y por propuesta del que la presida, al Secretario y  Prosecretario, quienes ejercerán dicha función solo mientras esté reunida la Conferencia.  Se levantará un acta de todo lo tratado en ella, la que será firmada por la persona que presida, por el Secretario y tres de los miembros asistentes, elegidos por la misma Conferencia.  Además podrán asistir sin derecho a voto, las personas que el Obispo Presidente invite a fin de informar sobre materias específicas de interés para la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile.
Investigación hermano Pablo Villouta C.

HISTORIA DE LA IGLESIA METODISTA PENTECOSTAL DE CHILE

Es posible sostener que ya a comienzos del siglo XX, Chile cuenta en el territorio nacional con diversas Iglesias Evangélicas provenientes de las distintas ramas de la Reforma desarrollada en Europa durante el siglo XVI, y que también pasaron a Estados Unidos, desde donde comienzan a ingresar al territorio nacional y paulatinamente más chilenos y chilenas se convierten en evangélicos.
Las potencias del mundo siguen inmersas en una serie de competencias colonialistas, que terminarán por llevar el mundo a la Primera Guerra Mundial, mientras que la clase dirigente de la  sociedad chilena disfruta de la cómoda posición que les otorga el hecho de tener el primer lugar en la producción de salitre a nivel mundial, lo que contribuye al embellecimiento de los centros urbanos y a un gran dinamismo, dado al comercio producido por esta situación.
Es a la próspera ciudad de Iquique que llega proveniente de los Estados Unidos junto a su esposa el médico Willis C. Hoover, para hacerse cargo de la Rectoría del Colegio Inglés de Iquique, designado por la Iglesia Metodista Episcopal, pues había sentido en su corazón el llamado al ministerio misionero, lo que lo decidió a dejar su ciudad originaria de Chicago y trasladarse a uno de los últimos países del hemisferio sur.
La labor de este médico en Iquique, como rector del Colegio Inglés, llega a su fin cuando es enviado a una nueva destinación, en esta ocasión como Pastor de la Iglesia Metodista Episcopal, en la ciudad puerto de Valparaíso. Cuando llega el Pastor Hoover a esta ciudad, comienzan a llegar al país diversas noticias de distintas partes del mundo como la India y Estados Unidos, sobre el despertar espiritual que se estaba produciendo en estas regiones, que llevó a que se produjeran diversas manifestaciones del  poder de Dios, por medio del Espíritu Santo; sanidades, milagros, reconciliaciones, idiomas extraños, éxtasis, son solo algunos de los aspectos que comenzaron a tener eco en Chile.
Los hermanos de Valparaíso pastoreados por el Reverendo Hoover, comienzan paulatinamente la búsqueda de estas manifestaciones en conjunto con el estudio de la Biblia, destacando los prodigios y señales relatados en el Libro de los Hechos de los Apóstoles, en el Nuevo Testamento. Los resultados de esta búsqueda no se demoraron en llegar a la Iglesia Metodista Episcopal en Valparaíso. Las manifestaciones empezaron a ser una constante dentro de la Iglesia, llegando a congregar cientos de fieles, que experimentaban la realidad del bautismo de Espíritu Santo.
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A pesar de todos los efectos positivos que produjo el avivamiento, algunos dentro de la misma  Iglesia Metodista Episcopal  se mostraron partidarios, pero otros acostumbrados al sistema, consideraron que esto se escapaba de lo común, olvidando de esta manera los poderosos acontecimientos producidos durante el despertar en Inglaterra ya en los tiempos de Wesley, donde el fervor también era una constante, y donde llegó gente proveniente de los más diversos sectores socioeconómicos. En Chile, la Iglesia fue testigo como numerosas personas acudían al sencillo mensaje de la cruz y donde la experiencia del bautismo del Espíritu Santo, no tenía limitaciones, lo que hizo que incluso el templo en el puerto se hiciera estrecho. Por otra parte diversos medios trataron de ridiculizar el movimiento, a lo que se añaden flancos de oposición, ya fuera desde la Iglesia mayoritaria en el país y desde las clases gobernantes, que en el centro del país además son propietarios de la mayor parte de las tierras agrícolas de los campos chilenos, donde no tardarán en comenzar a llegar los efectos del avivamiento.
La verdad es que el avivamiento propiamente tal comenzó en Chile, antes de 1909, de hecho las manifestaciones son considerables antes de esta fecha. Lo que sucede es que en Santiago las dos Iglesias Metodistas Episcopales  existentes en la ciudad la Primera Iglesia Metodista Episcopal (Calle Portales, hoy cueto con Agustinas) y la Segunda Iglesia Metodista Episcopal (Población Montiel), también tenían entre sus filas a diversos miembros que ya estaban orando por un despertar en sus propias iglesias, lo que significó una predisposición también de un sector importante a recibir el avivamiento. Cuando viajó a la capital la hermana Elena Laidlaw, para compartir diversas noticias de la Iglesia Metodista Episcopal en Valparaíso, algunos estaban dispuestos a oírla y otros totalmente en contra. Esto significó que cuando el domingo 12 de septiembre de 1909 se realizaron los servicios, la hermana quiso hacer uso de una oportunidad para dirigirse a los asistentes, las autoridades se lo impidieron, y es más, en la reunión de la Iglesia de Calle Portales, la hermana Elena fue arrestada, a pedido del Superintendente Metodista pastor Rice. Esto trajo como resultado que de ambas Iglesias salieran dos grupos en el mismo momento, pero de congregaciones diferentes, de la Primea Iglesia Metodista Episcopal se formó la Primera Iglesia Metodista Nacional (conocida como la Iglesia de Jotabeche) y de la Segunda Iglesia Metodista Episcopal se formó la Segunda Iglesia Metodista Nacional (hoy esta iglesia es la actual congregación de la Iglesia Evangélica Pentecostal de Calle Sargento Aldea). Las dos nacieron el mismo día, el 12 de septiembre de 1909, es por esto que se toma como fecha de fundación, y se ha pasado a conocer como el avivamiento de 1909, cuando en realidad el avivamiento se estaba viviendo en el país con anterioridad a esta fecha.  Los grupos salientes quedan trabajando en forma independiente, considerando que las Iglesias Metodistas de los tiempos de Wesley, daban muchas oportunidades para que los  hermanos fueran una parte activa dentro del ministerio, por eso es posible apreciar que todos los agentes una vez que son miembros aceptados dentro de la iglesia, pueden desarrollar las más diversas labores, al separarse se instaura el nombre de Iglesia Metodista Nacional, de esta manera representan una corriente diferente a la Metodista Episcopal, pero con la cual conservan su identidad “Wesleyana”, al tiempo que el término Nacional le da claras características que este movimiento está integrado en esta ocasión mayoritariamente por chilenos.
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Por su parte en Valparaíso el pastor Hoover, con el grupo (mayoritario) partidario del avivamiento debe hacer frente a la oposición, al mismo tiempo que las presiones de parte de las autoridades de la Iglesia. Recién a comienzos de 1910 el grupo decide tomar su propio rumbo, dejando el seno de la Iglesia Metodista Episcopal, frente a lo cual el Reverendo Hoover, también toma la decisión de acompañarlos y de esta manera seguir trabajando por afianzar el movimiento a nivel nacional, cuando los Metodistas Nacionales de Santiago se enteran de la decisión de sus hermanos de Valparaíso invitan al pastor Hoover a que sea su Superintendente. Él acepta y también con esta decisión el nombre de la Iglesia tiene una nueva modificación quedando oficialmente como Iglesia Metodista Pentecostal de Chile, dando énfasis con el nombre de Pentecostal a la referencia de los hechos acontecidos en la Fiesta de Pentecostés, en la ciudad de Jerusalén durante el siglo I, cuando fue derramado el Espíritu Santo sobre los creyentes.
El pastor Hoover debe enfrentar una serie de situaciones que son propias de la organización de una naciente institución, pero tiene como respaldo una congregación fervorosa, junto a los obreros que desde distintos ámbitos comienzan a apoyar el trabajo que esto implica, a lo que se agrega la dirección del Espíritu Santo, junto con la autoridad de la Biblia. Si en las ciudades del centro el movimiento fue característico de las Iglesias Metodistas, la verdad es que el despertar traspasó a esta Iglesia, como fue la constante en el mundo entero, donde el movimiento fue a nivel de la gran mayoría de las iglesias protestantes, de hecho en las zonas del centros sur y sur, las congregaciones de las Iglesias Presbiteriana y la Alianza Cristiana y Misionera, estaban viviendo sus propios movimientos espirituales de avivamientos, por lo cual a la llegada de los “misioneros metodistas pentecostales” a estas zonas, era posible encontrar gente dispuesta a involucrarse en el movimiento, esto explica porque en apenas 10 años (desde 1910 a 1920) ya existían varias destinaciones pastorales a distintas zonas del país, como es el caso de los Pastores Carlos A. Gómez  (Pitrufquén), Víctor Pavez Toro (Santiago),  Alfredo Salas (Quillota), Guillermo Castillo (San Fernando), Ceferino Arancibia (Concepción), Carlos Leigthon (Santiago),  José Flores (Temuco), Manuel Umaña Salinas (Santiago), Daniel Venegas (Concepción), Vicente Mendoza (Valparaíso), Víctor Gatica (primero a Temuco y después trasladado a Los Andes), Gerónimo Baudo (Punta Arenas) y Manuel García (Mulchén y también Angol).
Y ya en 1911 la Iglesia tiene presencia en ciudades tan diversas como Quilpué, Limache, Nogales, La Cruz, Batuco, Talagante, San Francisco de Mostazal, Paine, Teno,  Chiguayante, Gorbea. A este avance se agrega en 1912 San Bernardo, Talca y Taltal. Algunos de los pastores fallecieron a temprana edad, o ya eran mayores. Un grupo importante de estos pastores y hermanos se dedicaban a formar la naciente iglesia y después se trasladaban a otra zona, para comenzar desde cero nuevamente o con el apoyo de algunos cuantos hermanos.
Cuando se llega a la década de 1930 la Iglesia ya estaba presente en más zonas del país, a las ya señaladas anteriormente, cabe agregar que hasta 1930 se habían añadido congregaciones en San Felipe, Viña del Mar, Talca , Valparaíso (población Vergara), Peñablanca, Nogales, Caimanes, Coquimbo, Melipilla, El Monte, Naltagua, San Antonio, La Cisterna, Lo Lillo, Buin, Linderos, Alto Jahuel, Hospital, Rancagua, San Francisco de Mostazal, El Teniente, Rengo, Lo Miranda, San Vicente de Tagua Tagua, Curicó, Doñihue, Constitución, Linares, Chillán, San Carlos, Parral, Longaví, Talcahuano, Tome, Lota, Lirquén, Angol, San Rosendo, Bulnes, Renca, Quilicura, Lampa, Tiltil, Maipú y Puente Alto.
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El 30 de septiembre de 1929 la Iglesia recibe su Personalidad Jurídica mediante decreto Nº 2148.